martes, 19 de septiembre de 2017
Naturaleza y Finalidad

La formación permanente es un «proceso global de renovación» que envuelve persona y comunidad en las variadas situaciones de la vida cotidiana. Se actúa primariamente en lo “cotidiano”, en el mismo ejercicio de la misión: «Al vivir en medio de los jóvenes y en relación constante con los ambientes populares, el salesiano se esfuerza por discernir en los acontecimientos la voz del Espíritu, adquiriendo así la capacidad de aprender de la vida».

Se verifica como experiencia comunitaria, fruto del intercambio fraterno, de relaciones recíprocas y de una comunicación de calidad, del impulso apostólico encarnado en un proyecto común, de la centralidad de Cristo vivida y celebrada, y de la autenticidad del estilo de vida evangélico: todo esto encuadrado en el contexto de la Iglesia y de la Congregación.

A un nivel más amplio –inspectorial, interinspectorial o eclesial– recibe estímulo y apoyo mediante propuestas e iniciativas ordinarias y extraordinarias de renovación espiritual y pastoral o de actualización.
Sujeto de la formación permanente es, ante todo, la persona del salesiano. Nada puede substituir su empeño libre y convencido. Ninguno puede recorrer por él el itinerario de la renovación. «Todo salesiano –señalan las Constituciones– asume la responsabilidad de su propia formación»
 
La finalidad de la formación permanente es hacer de modo que el salesiano viva la vocación con madurez y alegría, con fidelidad creativa, y con capacidad de renovación, como respuesta permanente al Señor y a los desafíos de la misión. Tal actitud se expresa en la capacidad de discernimiento y de reflexión; en el compromiso con un camino espiritual constantemente cultivado; en un estilo de vida que sostenga la calidad de la experiencia; y en la búsqueda de cualificación para cumplir la misión con competencia profesional y para animar numerosas fuerzas apostólicas.
 
Sujeto de la formación permanente es, también, la comunidad salesiana; lo es en cuanto portadora y testigo en la Iglesia de un don del Espíritu, educadora de sus miembros, y también lo es en cuanto necesitada ella misma de continua renovación en la fidelidad a Don Bosco y del discernimiento en el Espíritu. La comunidad es sujeto de formación permanente en su esencial relación educativa con jóvenes y laicos, con aquellos con los que comparte el espíritu y la misión; y es esta relación la que la estimula a la renovación espiritual y le ofrece motivaciones, criterios de evaluación e indicaciones de actualización.
Por esto la comunidad, sujeto de una experiencia espiritual y apostólica, vive según un proyecto y responde como un conjunto unido a la vocación salesiana.
 

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